La postura de “el señor de los peces” en cualquiera de sus variantes suele estar presente en cada sesión de yoga por los beneficios que presenta.

Se trata de una torsión de columna vertebral que se hace sentado. Por este motivo, se suele practicar hacia el final de la clase y tras hacer una flexión o una extensión de columna, ya que equilibra toda la espalda.

Las torsiones son especialmente beneficiosas para flexibilizar las vértebras y para masajear los órganos del paquete abdominal: cuando giramos el torso, se comprimen los órganos de esa mitad del cuerpo, expulsando sangre. Al deshacer la postura, sangre limpia oxigena las vísceras. La compresión también afecta al intestino, favoreciendo los movimientos peristálticos (éste es el motivo por el cual las torsiones son la asana estrella en todos las clases especiales “detox”).

Además, en función de la variante por la que optemos, también puede ser muy beneficiosa para combatir la ciática, por el estiramiento de toda la fascia toracolumbar.

Cómo hacer la postura (la describo de un lado, es muy importante hacer luego el otro!):

Siéntate y dobla tu pierna izquierda, llevando el talón al glúteo derecho y apoyando la rodilla en el suelo. Ahora la pierna derecha: dóblala y llévala hacia la izquierda. La planta del pie queda apoyada en el suelo y la parte exterior del tobillo presiona sobre la rodilla izquierda. La rodilla derecha ha quedado levantada a la altura de tu pecho. Ya tenemos las piernas preparadas. Vamos a por la torsión: apoya tu mano derecha en el suelo al lado de tu sacro, eso te ayudará a mantener la espalda recta.  Ahora, tu codo izquierdo ha de presionar el exterior de tu derecha. Intenta llevar tu mano derecha a la rodilla izquierda.

Una de los aspectos más importantes de esta postura es la respiración: siente que con cada inhalación te estiras hacia arriba (para mantener la alineación) y con cada exhalación giras un poquito más.

Cómo decíamos antes, existen muchas variantes: si te molesta la pierna derecha, mantenla estirada. Si la mano derecha no te llega a la rodilla, no pasa nada.

Recuerda dos cosas: lo importante de la postura es que sientas la torsión de espalda y en yoga no tenemos que llegar a ningún sitio. Se trata de entrenar el cuerpo respetándolo.

Haciendo esta postura seguramente notes algo muy especial: no giras igual hacia los dos lados. Puede que un lado te cueste más que el otro. Está bien, somos asimétricos y lo único importante es saberlo (a no ser que ya sepas de antes que tienes algún tipo de escoliosis. En ese caso, ten mucha precaución). En general, si lo haces suavemente, para todo el mundo es beneficioso movilizar la espalda.

 

Además matsyendrasana tiene una cosa especial más: no hay muchas posturas en las que se mire hacia atrás. Como casi todo en yoga, tiene una intención: recoge los efectos de tu práctica de hoy.

En general, si hay algo que se practica en yoga, es el aquí y el ahora. Buscamos dejar los problemas, las prisas y los planes fuera de la clase, y vivimos la práctica con atención plena al cuerpo y a la respiración. Es nuestro momento.

Aún no te ha pasado nada en el futuro, y el pasado sólo existe en tus recuerdos. Somos el resultado de lo que hemos vivido, pero es cierto que tenemos cierta tendencia a recordar lo malo, a darle vueltas a aquello que dijimos, a qué habría pasado si hubiésemos hecho tal cosa… Han sido tus experiencias lo que te han traído hasta aquí hoy, así que aprende a mirarlas con compasión, darles las gracias por lo positivo que te han aportado y dejarlas marchar.

Aplica tu energía a disfrutar de este preciso, valioso, infinito e irrepetible momento.