Los bereberes

El pueblo bereber habitaba Marruecos mucho antes de que llegaran los musulmanes y constituyen la verdadera esencia del desierto. Defienden su cultura desde el Atlántico al Sahara y a través de las montañas del Atlas. 

Ellos, hospitalarios como prescribe la antigua ley del desierto, se llaman a sí mismos “amazigh”, hombres libres.

Verdaderos habitantes del desierto, son gentes sencillas, acostumbrados a vivir día a día. Con arraigadas y sabias tradiciones y siempre sonrientes y satisfechos de la vida. Conocer sus costumbres y su folklore alrededor de la hoguera es un regalo para alma.

Cómo preparar té a la menta

1.       Pon agua a hervir

2.       En la tetera en la que vamos a servir el té, echamos hojas secas de té verde. Aproximadamente una cucharita de té por persona.

3.       Vierte un chorrito de agua hirviendo en la tetera y muévela un poco. El objetivo es que la hoja de té se abra y suelte el primer amargor. Tras unos pocos segundos, descarta esa agua.

4.        Ahora, llena la tetera con el resto del agua hirviendo. Pon encima dos ramitas de menta (menta mejor que hierbabuena) y encima el azúcar. La cantidad de azúcar depende del gusto de cada uno, pero prueba a poner un par de terrones y ya irás cogiendo tu medida.

5.       Pon la tetera a hervir un par de minutos a fuego lento, para que la menta infusione.

6.       Retira la tetera. Llena un vaso de té y devuélvelo a la tetera. Repite esto 2 o 3 veces para que se mezclen bien el té, la menta y el azúcar.

7.       Pon en cada vaso unas hojas de menta. Sirve el té, escanciándolo desde unos 20cm de altura para que se oxigene y cree espuma (un té sin espuma es como un bereber sin turbante)

O vente con nosotros y Omar lo preparará para ti.

Al llegar a cada casa, en cada tienda del zoco, los marroquíes te ofrecerán un té a la menta.

El té es un símbolo más de su cultura, una forma de expresar su hospitalidad, de darte la bienvenida. Se sentarán contigo a charlar y a disfrutar del té. Eso que nosotros hacemos a veces, quedar para tomar un café, en Marruecos es casi un ritual varias veces al día.

Tomar un confortable y aromático té. Una pausa del día, un momento para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Relajarnos y conectar con la gente. Eso es té a la mente.

En el límpido aire del desierto, en la oscuridad de una tierra sin una sola luz en cientos de kilómetros a la redonda, se tenía la impresión de que las estrellas descendían hasta casi rozar la arena, y Gacel extendía a menudo la mano como si realmente pudiera tocar con la punta de sus dedos las parpadeantes luces.

En el Sahara cada hombre tenía el tiempo, la paz, y la atmósfera necesarios para encontrarse a sí mismo, mirar hacia la lejanía o hacia su interior, estudiar la Naturaleza que le rodeaba, y meditar sobre cuanto no conocía mas que a través de los libros sagrados.

Tuareg – Alberto Vázquez Figueroa